No te lo vas a creer, pero uno de los mejores medios de transporte para viajar con nuestro perro es el avión. Así lo confirman algunos dueños de estas mascotas que lo han probado. Ahora bien, antes de meter a tu perro dentro de un avión, tienes que conocer algunas cosas. Te las comentamos.
Por lo general, los perros no son amigos de los viajes largos. Ni aunque viajes con ellos en tu coche. Son impacientes y se ponen nerviosos. Una cosa es meterlos en el coche para ir a correr al campo, que van a viajar 20 minutos o media hora como mucho, Y otra cosa es hacer un viaje largo Barcelona-Albacete. Que tienes que parar cada 2 horas en una estación de servicio para que el perro estire las piernas, corra un poco y se relaje. Es tu perro, es tu coche y el perro lo conoce, pero el viaje se hace pesado tanto para él como para ti.
En apariencia, hay opiniones encontradas sobre los viajes de los perros por avión. Conozco gente que está en contra, pero no he podido localizar ninguna opinión negativa en revistas digitales sobre perros y en foros por internet, más allá de aquellas que se quejan de que cada aerolínea tiene su propia política de admisión de mascotas y otras que denuncian que los perros de más de 7 kilos deben viajar en bodega.
En cambio, sí he visto opiniones bastante interesantes en el blog Emmène Ton Chien, donde algunos usuarios que han viajado con sus mascotas por avión cuentan su experiencia.
Cindy y Gaya viajaron con su chihuahua de 8 años desde Francia a Bulgaria. Como era un perro pequeño, pudo viajar en cabina con sus dueñas. Dentro de un trasportín de tela que se colocaba debajo del asiento de una de ellas. Cindy cuenta que el perro pasó todo el viaje durmiendo a sus pies.
Sara viajó desde Lyon hasta Lituania con un cachorro. Sabía que el perro tenía que viajar en transportín. Así que lo acostumbraron a utilizarlo. Tenían miedo de que, al ser un perro de raza mediana, no dejaran subirlo a cabina, pero al final, al no exceder el peso límite fijado por la aerolínea, tras pesarlo y medir las dimensiones del transportín, el personal de tierra de la compañía aérea autorizó que viajara con su dueña. El perro hizo el viaje tranquilo y ni siquiera la persona que estaba sentada al lado de Sara se molestó por la presencia del perro.
Anne viajó desde Quebec (Canadá) hasta Marsella (Francia) con un perro nórdico. Por su tamaño, sí o sí, debía viajar en bodega, dentro de un transportín que cumpliera las normativas de la IATA, la Asociación Internacional de Transporte Aeronáutico. Tuvo que entregar a su perro en un mostrador específico para equipajes especiales. Durante un tiempo vio a su perro triste, dentro del transportín, rodeado de maletas. Iba a ser un viaje largo, de 7 horas. Anne pasó todo el vuelo durmiendo para no pensar en el perro. Cuando llegó al aeropuerto francés, le dijeron el lugar donde podía recoger a su mascota. Los dos se pusieron contentos al verse. Cuando tuvo la ocasión, sacó a su perro del transportín y le dejó correr. No había muestras de que lo hubiera pasado mal.
Viajar en cabina.
Para viajar en cabina, primero tenemos que tener en cuenta, como dice el blog Sr. Perro, que cada compañía aérea tiene su política de admisión de mascotas. Tenemos que cumplir sus normas para poder viajar con nuestro perro.
En Iberia, por ejemplo, para que un perro viaje en cabina, el peso conjunto del animal y su transportín no debe superar los 8 kilos, debiendo responsabilizarse el dueño de su cuidado durante el trayecto. El transportín tiene que tener unas dimensiones máximas de 45 cm de largo, 35 cm de ancho y 25 centímetros de profundidad, además de contar con ventilación adecuada y un fondo impermeable. La aerolínea ofrece la opción de alquilar un habitáculo provisional si el pasajero no dispone de uno. Cabe destacar que los perros de razas braquiocefálicas únicamente son admitidos si cumplen esta restricción de peso; en esta compañía no pueden viajar en bodega, mientras que los perros lazarillo viajan en cabina sin importar su tamaño.
Air Europa exige igualmente que el perro y su bolso de transporte no rebasen los 8 kilos para volar en la zona de pasajeros, pero añade el requisito de que tengan una edad mínima de 3 meses y la pauta de vacunación al día. Las medidas máximas permitidas para el transportín son ligeramente superiores, alcanzando los 55 por 35 por 25 centímetros. La bolsa debe ubicarse bajo el asiento delantero del viajero.
En el caso de Vueling, la normativa permite que los perros viajen junto a sus dueños siempre que no superen los 10 kilos en total con su bolsa, límite que se reduce a 8 kilos cuando el vuelo es operado por Iberia. El habitáculo debe ser flexible, no rígido, ajustándose a unas proporciones máximas de 45 por 39 por 21 centímetros. Además, la compañía limita la capacidad a una sola mascota por pasajero y a un máximo de tres animales a bordo por avión. Durante el control de seguridad, la mascota debe cruzar el arco detector caminando o en brazos de su dueño, mientras el transportín pasa por la cinta mecánica.
Viajar en bodega.
Los perros medianos y grandes viajan en bodega. Aunque lo hagan, no lo hacen en los mismos departamentos que el resto del equipaje, sino en un espacio habilitado.
Las bodegas destinadas al transporte de mascotas en los aviones modernos no son espacios de carga convencionales, sino departamentos especialmente acondicionados para garantizar la máxima seguridad y confort del animal. Estas áreas están presurizadas, cuentan con aislamiento acústico para reducir el ruido de los motores y disponen de sistemas de climatización con calefacción y aire acondicionado que mantienen una temperatura constante durante todo el trayecto. Durante el vuelo, el personal de la tripulación revisa periódicamente esta zona para verificar que los animales viajen en óptimas condiciones, garantizando una atención continua.
Para que el perro sea admitido en bodega, resulta imprescindible utilizar un transportín rígido homologado por la IATA (Asociación Internacional de Transporte Aéreo). Este habitáculo debe estar fabricado con materiales resistentes como plástico duro o metal, contar con un fondo impermeable y disponer de cierres de seguridad que impidan aperturas accidentales. Además, la normativa exige que la estructura incorpore rejillas de ventilación en al menos tres de sus cuatro lados y un bebedero o cazo fijado firmemente a la puerta de la jaula, el cual debe ser accesible desde el exterior para poder suministrarle agua sin necesidad de abrir el transportín.
Durante las fases de embarque y desembarque, los animales reciben un trato prioritario y diferenciado, siendo gestionados a través de puntos de recogida específicos en el aeropuerto en lugar de pasar por las cintas transportadoras de equipaje.
Esto quiere decir que no entran ni salen de la aeronave con el resto de maletas, sino que son embarcados y desembarcados aparte, con un cuidado especial por parte de la tripulación del avión y de los trabajadores del aeropuerto.
La entrada en cabina también está sujeta a la política de admisión de animales de la compañía aérea.
Servicio de carga aérea.
Podemos embarcar a nuestro perro en la bodega del avión por una vía diferente a la facturación de equipaje. Se realiza por medio de un procedimiento que se llama carga aérea. Los agentes del grupo Star Cargo, un operador de carga aérea con sede en el área de carga del aeropuerto de Barajas que presta este servicio por medio de su programa Animales por Avión y que tiene una larga experiencia en transporte aéreo de mascotas, nos cuentan que la carga aérea es independiente de la política de equipajes de las compañías aéreas.
Esto se debe a que el transportín con el perro no entra en el avión como un equipaje facturado por el cliente, sino como transporte independiente. Igual que la correspondencia o la mercancía que se transporta en el avión.
La empresa que presta el servicio es responsable del animal desde que lo recoge hasta que se lo entrega a su dueño en el aeropuerto de destino.
Para beneficiarnos de esta prestación, debemos entregar el perro en el mostrador que tiene la empresa de transporte dentro del aeropuerto. No en las taquillas de facturación de la compañía aérea. El personal de la empresa de transporte revisará el estado del transportín, comprobará que cumple los criterios de la IATA y nos indicará el lugar exacto en el aeropuerto de destino donde podremos recoger a nuestra mascota.
El operador de carga hará todo lo posible porque nuestro perro viaje en el mismo vuelo que nosotros. Pero si eso no es posible, buscará otra opción con otra compañía aérea que permita que esperemos lo menos posible para recoger a nuestro perro.
La opción de carga aérea es bastante cómoda para cualquier propietario de un perro que no pueda viajar en cabina. Ya que aseguramos que nuestro perro viaja con nosotros sin estar pendientes de que cumpla los requisitos de tal o cual compañía.
Lo que no debemos hacer.
Cuando viajamos con nuestro perro por avión, no debemos suministrarle tranquilizantes o sedantes. El blog sobre bienestar canino Curafyt señala que, en el caso de que queramos hacerlo, debemos consultarlo antes con el veterinario y solo le podemos suministrar medicamentos que él mismo nos haya recetado, nunca ninguno elegido por nuestra cuenta.
La razón de esta medida es que los tranquilizantes bajan la frecuencia cardiaca y la presión arterial. Un efecto que ya de por sí, de manera natural, provoca la subida en altura. Si a la bajada de presión sanguínea que producen las alturas sumamos el efecto de los fármacos, corremos el riesgo de provocar al animal un accidente cardiovascular.
Viajar en avión, y esto no lo habíamos dicho hasta ahora, relaja a los perros. Ya que ralentiza el ritmo cardiaco y el respiratorio.
Suministrarle sedantes a nuestro perro cuando vuela también le provoca problemas de termorregulación. El perro con estos fármacos depresivos va a perder la capacidad de jadear. Y esto va a hacer que no pueda autorregular la temperatura de su cuerpo. Por lo que corre el riesgo de padecer un golpe de calor o una hipotermia.
Especial atención debemos prestarle a las razas de perro braquicéfalas. Perros como los bóxers, los bulldogs o los pugs, que ya por su fisionomía tienen unas fosas nasales pequeñas y chatas. A estos perros, si les ralentizamos el ritmo respiratorio y les reprimimos la capacidad de jadear, aumentamos el riesgo de que sufran una muerte súbita.
Si el perro tiende a ponerse ansioso cuando viaja o cuando lo introducimos en el transportín, el veterinario nos puede recetar algún producto natural como suplementos de L-triptófano, melisa o magnesio en comprimidos adecuados para perros, después de haberlos probado antes en nuestra casa.
Relájate y disfruta del viaje.
Algo que nos sucede a los dueños de los perros cuando los subimos a un avión es que nos solemos poner más nerviosos que los animales. Estamos todo el tiempo preocupados por si el perro estará bien. Si viajamos con el perro en cabina, ese nerviosismo se lo podemos contagiar al animal. Lo cual no es positivo para él.
Como hemos visto, el vuelo ya produce sobre el animal un efecto relajante. Lo más normal es que pase la mayor parte del viaje medio adormecido. Ni nosotros, ni el resto del pasaje se van a dar cuenta de que el animal está en el avión. No va a molestar a nadie.
Las azafatas y la tripulación de la aeronave estarán pendientes del animal. Tanto si viaja con nosotros en cabina, como si lo hace en bodega.
Con frecuencia, los dueños somos más hipocondriacos que los animales. Le damos importancia a cosas que no la tienen. Nuestro perro ya de por sí se va a relajar en el vuelo. Lo lógico es que nosotros hagamos lo mismo.

