Estados Unidos sigue a la cabeza de la investigación para desarrollar biocombustibles de segunda generación, mientras los legisladores europeos van a paso de tortuga. Un artículo publicado por la revista Nature Biotechnology analiza la actitud de los legisladores de ambos lados del Atlántico con respecto a los biocombustibles celulósicos. La reciente subvención de 12 millones de dólares concedida por el Departamento de Energía de Estados Unidos a la danesa Novozymes para el desarrollo de enzimas celulasas mejoradas pone de relieve el compromiso de este país para obtener etanol a partir de biomasa. Es previsible que el apoyo de Estados Unidos a los biocombustibles celulósicos se mantenga cuando el Presidente electo Barack Obama tome posesión de su cargo. Durante su campaña electoral, Obama se manifestó a favor de continuar subvencionando los biocombustibles a base de maíz. Esto contrasta claramente con la actitud de Europa, donde todavía prevalece la inercia. El autor del artículo, Cormac Sheridan, señala que la dura reacción negativa suscitada por los biocombustibles de primera generación por razones de sostenibilidad ecológica y económica parece haber paralizado los avances para promulgar una legislación europea definitiva y fijar objetivos de uso de biocombustibles. La política energética de Europa y Estados Unidos no podría ser más diferente. Sheridan señala que la seguridad energética ha sido el principal motor de la política estadounidense en materia de biocombustibles, mientras que en Europa se ha dado más importancia a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.