Un informe publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) afirma que el cultivo de la jatrofa para la producción de biocombustibles puede beneficiar a los agricultores de las zonas semiáridas y remotas de muchos países en desarrollo.
El interés en el aceite de jatrofa como materia prima para producir biodiésel surgió a consecuencia de «la capacidad que presenta para crecer en regiones semiáridas con pocos nutrientes y escasos cuidados». Aunque el aceite (extraído de las semillas) suele someterse a un tratamiento químico para producir biodiésel, también podría utilizarse directamente en motores diésel «adaptados» y para la calefacción y la cocina.
Según el informe, «la producción de biocombustible de jatrofa podría ser una buena oportunidad para aprender y adoptar estrategias agrícolas y opciones de subsistencia alternativas, y una medida paliativa para la creciente degradación del medio ambiente». También se cree que el cultivo de jatrofa en zonas marginales remotas podrá beneficiar a las campesinas: (1) las máquinas para moler alimentadas con jatrofa pueden ahorrarles tediosas horas de trabajo, (2) la sustitución del combustible para cocinar a base de biomasa (es decir, madera) por aceite de jatrofa puede ser favorable para el medio ambiente (combustión sin humos) y el tiempo que ahora dedican las mujeres a «recoger leña» podría dedicarse a otras actividades más productivas.
No obstante, el informe de la FAO también dice que apenas se han desarrollado actividades para mejorar la jatrofa. Se podría avanzar mucho si fuera posible dedicar recursos a la investigación destinada a mejorar la jatrofa como cultivo bioenergético en los siguientes aspectos: mayor producción de semillas, mayor contenido de aceite, mejor calidad del aceite y menor toxicidad de la torta de semillas.