Un reciente artículo publicado por Thomas Hertel de la Universidad de Purdue, junto con un grupo de científicos de la Universidad de California-Berkeley, analiza cómo el incremento obligatorio de la producción de etanol de maíz en Estados Unidos «desencadenará cambios en los usos del suelo tanto a nivel nacional como en el resto del mundo».
Un escenario de cambios de uso del suelo en este caso es la conversión adicional de tierras por parte de los agricultores para cultivar biocombustibles (por ejemplo, el maíz).
El artículo se ha publicado en la edición de marzo de 2010 de la revista Bioscience.
Según la nota de prensa de la revista, «este análisis combina datos ecológicos con un modelo económico global de comercio y producción para pronosticar los efectos que tendrá la producción estadounidense de etanol de maíz sobre las emisiones de dióxido de carbono generadas por los cambios en los usos del suelo en 18 regiones del planeta».
Los investigadores han observado que si se integra en el análisis «la respuesta mediada por el mercado y el uso de subproductos», la conversión de tierras de cultivo se reduce en un 72 % de las tierras utilizadas para materias primas del etanol. Esto supone una emisión de 800 gramos del GEI (gas de efecto invernadero) dióxido de carbono por megajulio.
El estudio llega a la conclusión de que este valor sería suficiente para contrarrestar los efectos positivos que se atribuyen al etanol de maíz como medio para reducir el calentamiento global.