Investigadores del Departamento de Química y Bioquímica de la Universidad de Wisconsin Madison (Estados Unidos) han diseñado un proceso de «transformación química simple» para convertir la biomasa lignocelulósica en biocombustibles. Su estudio se ha publicado recientemente en la revista Journal of the American Society. Actualmente, la vía bioquímica es la más utilizada para convertir biomasa lignocelulósica en el biocombustible etanol (a menudo denominado «etanol celulósico»). Para ello se utilizan procesos de varias fases, empezando por el pretratamiento (eliminación de la lignina) y pasando por la sacarificación (conversión de la celulosa en azúcares simples) hasta llegar a la fermentación (conversión microbiana de los azúcares simples en etanol). El proceso químico publicado utiliza un sistema disolvente que está pendiente de obtener patente por el que se disuelve la celulosa de la biomasa vegetal y la convierte en el producto químico 5-hidroximetilfurfural (HMF) (primera fase). Se dice que el HMF es una «plataforma química» desde la cual se pueden fabricar otros biocombustibles útiles. Según Ronald Raines, estudiante de doctorado y coautor del artículo, el sistema disolvente «no es corrosivo, peligroso, caro o maloliente». El proceso de conversión de la celulosa en HMF tampoco se ve afectado por la presencia de lignina, proteína y otros componentes de la biomasa vegetal. En la segunda fase, el HMF obtenido se transforma en 2,5-dimetilfurano (DMF), un biocombustible prometedor. Este proceso se ha probado con caña de maíz y serrín de pino. El rendimiento actual del proceso se estima en 30 galones de producto biocombustible por tonelada de biomasa procesada. La segunda fase todavía está en proceso de optimización.