Los áfidos son una de las plagas de insectos más destructivas del mundo y cuestan a jardineros y agricultores cientos de millones de dólares al año.
Además, los áfidos tienen la capacidad de desarrollar resistencias a los pesticidas, de modo que los agricultores se ven obligados a utilizar mayores cantidades de sustancias químicas en sus campos.
Esto ha llevado a un equipo de científicos del Servicio de Investigación Agrícola del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA-ARS) a desarrollar un agente de biocontrol contra los áfidos.
Ronald J. Nachman, uno de los científicos del ARS, ha estudiado unas señales químicas denominadas neuropéptidos. Los neuropéptidos, una vez disgregados por las enzimas del organismo, controlan y regulan varios procesos de los áfidos como la digestión, la respiración, la ingesta de agua y la excreción.
Nachman trabaja en el desarrollo de imitaciones de los neuropéptidos con estructuras moleculares modificadas que no sufran disgregación, de modo que la plaga se deteriore debido a la alteración de los procesos de su organismo. Estos neuropéptidos, conocidos como quininas de insectos, son muy específicos del organismo diana y no afectan a otros organismos.