Un equipo de investigadores de Estados Unidos anuncia que ha secuenciado el genoma del maíz, un logro que impulsará los esfuerzos de investigación para desarrollar variedades de mayor rendimiento de uno de los cultivos más importantes del mundo. El equipo, formado por más de 150 científicos, ha publicado los resultados de su trabajo en la revista Science de esta semana. En concreto, han secuenciado el genoma de una línea de maíz autopolinizada denominada B73. El equipo ha identificado unos 32.000 genes distribuidos entre los 10 cromosomas del cultivo. También han descubierto que más del 85% del genoma está formado por elementos genéticos transponibles y que el cultivo comparte 8.494 familias de genes con la Arabidopsis, el sorgo y el arroz.
«Al igual que los mapas genéticos y citogenéticos revolucionaron la investigación y el mejoramiento de cultivos durante el siglo pasado, la secuencia de referencia del maíz B73 hará avanzar la investigación básica y facilitará los esfuerzos para hacer frente a las crecientes necesidades mundiales de alimento, pienso, energía y materias primas industriales en la era del cambio climático global», señalan los científicos en su artículo. El genoma del maíz —de 3.200 millones de pares de bases— revelará muchas cosas, como demuestran los numerosos artículos paralelos publicados por Science, PLoS Genetics, PNAS y Plant Physiology analizando todo tipo de cuestiones como los elementos genéticos transponibles, la evolución centromérica del maíz, la caracterización de genes de microARN para dar vigor a los híbridos y la historia evolutiva del cultivo. Con la publicación del genoma del maíz B73, los investigadores han comenzado a secuenciar otras variedades.
Luis Herrera-Estrella y sus colegas, por ejemplo, han secuenciado la variedad de maíz Palomero del altiplano mexicano y la han comparado con la moderna línea autopolinizada B73. Han observado que este genoma es un 22% más pequeño y contiene un 20% menos de ADN repetitivo. Este equipo también ha identificado varios genes —principalmente de tolerancia a los metales pesados— que estaban presentes tanto en la línea B73 como en la variedad Palomero, pero que no lo estaban en el teosinte, ancestro del maíz. Herrera–Estrella y sus colegas apuntan que factores ambientales relacionados con el contenido de metales de los suelos locales podrían haber sido importantes en la domesticación del maíz. Catherine Feuillet del INRA francés y Kellye Eversole, en un artículo de perspectivas también publicado