Un equipo de investigadores del Instituto Weizmann han descubierto un gen responsable de la producción de tomates rosas.
Este gen, denominado SIMYB12, funciona como un interruptor maestro que regula las actividades de toda una red de otros genes, como los que controlan la cantidad de flavonoide y licopeno que expresa el tomate.
También se ha observado que la expresión del gen SIMYB12 altera la composición de ácidos grasos de la capa exterior del tomate rosa, de modo que su cutícula es más fina y menos flexible que la piel de un tomate normal.
«Desde que identificamos este gen, vimos que podíamos utilizarlo como marcador para predecir el futuro color del fruto en las primeras fases de desarrollo, aun antes de la floración.
Esta capacidad podría acelerar el desarrollo de nuevas y exóticas variedades de tomate, que normalmente podría tardar más de 10 años», explica Asaph Aharoni, jefe del estudio.