En la web de Yale Environment 360, David Biello publica un artículo («¿Son los biocombustibles lo que hace falta para ecologizar la aviación?») en el que resume lo que se ha hecho hasta la fecha en el desarrollo de biocombustibles para la aviación y los problemas prácticos que presenta su producción a gran escala.
El artículo se refiere al éxito de los vuelos de pruebas realizados por algunas compañías aéreas comerciales (Continental, Virgin Atlantic, Air New Zealand o Japan Airlines) con bioqueroseno de aviación obtenido de varias materias primas energéticas de segunda generación (como los aceites extraídos de la jatrofa, la camelina, el coco, el babasú y las microalgas).
Los biocombustibles de aviación tienen un reconocido atractivo desde el punto de vista ambiental, porque las emisiones del queroseno (aunque sean tan sólo el 3% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero generadas por el consumo de combustibles fósiles) tienen una mezcla química que intensifica el efecto de retención del calor (calentamiento global) en la troposfera superior.
Los resultados preliminares del vuelo de pruebas de Air New Zealand demuestran que con el queroseno a base de jatrofa se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero un 60%, y que la mezcla de biocombustible podría ahorrar 1,4 toneladas métricas de combustible en un vuelo de 12 horas.
Biello menciona que el reto más difícil es producir bioqueroseno suficiente para satisfacer la demanda anual de combustibles de aviación de unos 225.000 millones de litros. La elección de la materia prima y el suministro serán consideraciones importantes. La jatrofa, la camelina y algas son las materias primas no alimentarias que se han utilizado para producir biocombustible de aviación.
De estas, la jatrofa y la camelina pueden presentar problemas relacionados con la competencia con los cultivos alimentarios por el uso del suelo. Se dice que el empleo de microalgas en estanques salobres tiene ciertas ventajas como potencial materia prima.
El artículo completo está accesible en la página web de Yale Environment 360.