La Universidad de Cornell (una de las más importantes de Estados Unidos) ha inaugurado recientemente su Laboratorio de Investigación de Biocombustibles (BRL). El BRL es un centro de 1.000 metros cuadrados que ha supuesto una inversión de 6 millones de dólares, donde los equipos multidisciplinares de científicos de la Universidad de Cornell realizarán proyectos de investigación y desarrollo para una producción económica y sostenible de biocombustibles (no derivados de cultivos alimentarios).
El principal investigador es Larry Walker, catedrático de ingeniería biológica y ambiental. El objeto de la investigación será «la creación de etanol celulósico: un proceso que libere los azúcares de las hierbas perennes y la biomasa leñosa y los convierta en combustible por medios biológicos». Según el profesor Walker, aunque la tecnología de conversión de masa lignocelulósica en etanol ya existe, «el reto consiste en generar el combustible de manera que sea eficiente y rentable para los productores y los consumidores, y sostenible». Para resolver el problema es necesario un análisis sistémico de la producción de biocombustible, desde el empleo de modernos microscopios (para estudiar los procesos enzimáticos a nanoescala) hasta la transformación de los azúcares vegetales en etanol en un reactor de fermentación de 150 litros».