Para inhibir la resistencia a las plagas, algunos cultivos transgénicos producen dos toxinas Bt diferentes que atacan a la misma plaga. El algodón Bt, por ejemplo, produce las proteínas insecticidas Cry1Ac y Cry2Ab. Estas toxinas tienen secuencias de aminoácidos muy diferentes y se enlazan a distintos sitios objetivo. Pero los resultados de un estudio realizado por científicos de la Universidad de Arizona demuestran que podría ser que algunas plagas de insectos desarrollen resistencias a dos toxinas Bt diferentes producidas por el algodón modificado genéticamente.
Bruce Tabashnik y sus colegas han podido crear cepas de laboratorio del gusano rosado del algodonero (Pectinophora gossypiella) resistentes a niveles de Cry1Ac 420 veces mayores de los normal. Estas cepas, que se criaron con una dieta que contenía Cry2Ab, también eran resistentes a esta toxina en concreto (en niveles 240 veces mayores de lo normal). Los científicos creen que esta resistencia podría deberse a alteraciones de una enzima que activa las toxinas. Los resultados del estudio, publicados en la revista PNAS, indican que existe resistencia cruzada entre la Cry1Ac y la Cry2Ab en algunas de las principales plagas del algodón. No obstante, Tabashnik y sus colegas señalan que «esto no representa un peligro para el control de este insecto por el actual algodón Bt piramidal». Los científicos han demostrado que las larvas de las cepas de laboratorio resistentes a Cry1Ac y Cry2Ab sobreviven con las cápsulas de algodón que sólo producen Cry1Ac, pero no con las que producen ambas toxinas. La revista Nature cita la siguiente afirmación de Tabashnik: «Las pirámides no son la panacea: la evolución de los insectos no es algo que los científicos vayan a poder parar».