Las ciencias biológicas agregan valor a una serie de productos y servicios, que forman una «bioeconomía». Esta bioeconomía podría realizar importantes contribuciones socioeconómicas para mejorar la salud, disparar la productividad agrícola y los procesos industriales y potenciar la sostenibilidad ambiental.
Es necesaria una acción política coordinada de los gobiernos para explotar el potencial de la bioeconomía y recoger los frutos de la revolución biotecnológica. Este es el punto de vista del informe «La bioeconomía hasta 2030: proyectar una agenda política», publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
El informe repasa las aplicaciones de la biotecnología y analiza la importancia de la financiación de I+D, los recursos humanos, la propiedad intelectual y la regulación en la bioeconomía. Se presentan escenarios hasta 2030 que reflejan la interrelación de las opciones políticas y los avances tecnológicos en la conformación de la bioeconomía.