El Organismo Internacional de la Energía (OIE) anunció recientemente la publicación de su «Hoja de Ruta Tecnológica: Biocombustibles para el Transporte».
Esta hoja de ruta señala las principales tareas que es necesario acometer para acelerar en todo el mundo el despliegue sostenible de los biocombustibles, y además «analiza los obstáculos y los retos que presenta el despliegue de biocombustibles a gran escala, como la necesidad de comercialización de tecnologías avanzadas, unos costes de producción relativamente elevados y la logística de la cadena de suministro, así como aspectos más generales que afectan a la producción de materias primas sostenibles y a las estructuras de los mercados de biocombustibles». Se dice que los biocombustibles podrían representar hasta el 27 % del consumo mundial de combustibles para el transporte en 2050. Sin embargo, para lograr una expansión sostenible de los biocombustibles hace falta tecnología y acción política.
La nota de prensa del OIE hace referencia a algunos de los aspectos más destacados del informe:
(1) la necesidad de tecnologías eficientes: «sigue haciendo falta un mayor respaldo a las actividades de investigación, desarrollo y demostración de biocombustibles avanzados para mejorar las eficiencias de conversión y reducir costes»;
(2) la importancia de la sostenibilidad: los gobiernos deberían adoptar normas obligatorias de sostenibilidad de los biocombustibles y procurar su armonización internacional. Ya que muchas de las críticas que se hacen sobre la sostenibilidad de los biocombustibles se refieren al sector agrario, las políticas en esta materia deberían armonizarse con las relativas a la agricultura, la silvicultura y el desarrollo rural;
(3) la necesidad de colaboración internacional: «para que los países en desarrollo puedan adoptar una producción de biocombustibles sostenible, hará falta una colaboración internacional para el desarrollo de capacidades y la transferencia tecnológica; los países en desarrollo interesados en la introducción de los biocombustibles pueden beneficiarse de la experiencia de otras regiones, incluidos los conocimientos adquiridos y las prácticas óptimas para la producción de biocombustibles, así como las políticas gubernamentales que contribuyan a garantizar que las inversiones necesarias beneficien a las economías locales».