En un esfuerzo por asegurar que todos los biocarburantes (producidos e importados por los Estados miembros de la UE) se obtengan por medio de prácticas sostenibles, la Comisión Europea ha establecido recientemente un sistema de certificación de biocarburantes sostenibles.
Este sistema se ha plasmado en dos Comunicaciones y una Decisión.
Los aspectos más destacables del sistema (de acuerdo con la nota de prensa de la Comisión) son los siguientes:
«(1) Certificados de biocarburante sostenible: La Comisión anima a la industria, a los gobiernos y a las ONG a crear “regímenes voluntarios” para certificar la sostenibilidad de los biocarburantes y explica las normas que estos deben cumplir para conseguir el reconocimiento de la UE. Uno de los criterios principales es que tengan auditores independientes que comprueben la cadena de producción en su conjunto, desde el agricultor y el molino, al abastecedor de combustible que vende la gasolina o el gasóleo en las estaciones de servicio, pasando por los comerciantes. La Comunicación fija las normas necesarias para que estas auditorías sean fidedignas e inmunes al fraude.
(2) Protección de la naturaleza virgen: La Comunicación explica que los biocarburantes no deben fabricarse con materias primas procedentes de bosques tropicales o zonas deforestadas recientemente, de turberas desecadas, de humedales ni de zonas ricas en biodiversidad, así como los procedimientos para evaluarlo. Deja claro que la transformación de un bosque en plantación de aceite de palma infringiría los requisitos de sostenibilidad.
(3) Fomento únicamente de los biocarburantes que faciliten emisiones mucho menores de gases de efecto invernadero. La Comunicación reitera que los Estados miembros tienen que cumplir unos objetivos nacionales vinculantes en materia de energía procedente de fuentes renovables y que solo los biocarburantes que permitan muchas menos emisiones de gases de efecto invernadero cuentan para los objetivos nacionales. Explica asimismo cómo se calcula este extremo. Los biocarburantes deben facilitar una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero cifrada en un mínimo del 35 % respecto a los combustibles fósiles, porcentaje que subirá al 50 % en 2017 y hasta el 60 % en el caso de los biocarburantes biológicos procedentes de plantas nuevas, en 2018».