Un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford encabezado por el biólogo molecular Sharon Long ha descubierto recientemente un gen de la leguminosa Medicago truncatula que podría ser la clave para la fijación del nitrógeno.
Las plantas mutantes de Medicago truncatula no son capaces de producir nódulos sanos en sus raíces. Un estudio en profundidad reveló que las plantas mutantes generaban el precursor apropiado para la proteína, pero carecían de la enzima crítica para transformar dicho precursor en la señal final.
Cuando se incorporaba la versión funcional de dicho gen, las leguminosas mutantes comenzaban a fijar nitrógeno igual que las normales. «Las bacterias del grupo Rhizobium son cruciales para que pueda producirse esa clase de extensión en la tierra útil», afirma Sharon Long.
«Para que podamos partir de las simbiosis ya existentes y contribuir a mejorarlas para que sean productivas aun cuando las condiciones comienzan a deteriorarse, es fundamental saber cómo mejorar la fijación del nitrógeno en las leguminosas». Cuanto más eficientes sean las leguminosas y más capacidad tengan de prosperar en diversos entornos, menos necesario será el nitrógeno químico que posteriormente llevará la escorrentía a las aguas de superficie, se infiltrará en las aguas subterráneas o se descompondrá en forma gaseosa», añade Long.