Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha publicado las primeras directrices europeas para el cultivo de plantas modificadas genéticamente para la producción de sustancias farmacéuticas o enzimas industriales. De acuerdo con estas directrices, los solicitantes deben especificar las diferencias existentes entre la planta MG y su homóloga no transgénica y cómo afectan dichas diferencias al funcionamiento y crecimiento de la planta. La EFSA pone de relieve la importancia del análisis comparativo, especialmente «en lo que respecta a la ingesta accidental por las personas, el ganado y la fauna silvestre, a la exposición de los agricultores y los trabajadores que manipulan las plantas transgénicas y a la exposición de los transeúntes y personas residentes en las proximidades». Estas directrices también señalan que los solicitantes deben detallar las medidas que adoptarán para evitar que los materiales vegetales transgénicos escapen al medio ambiente. En relación con las plantas que producen sustancias bioactivas estables, por ejemplo, los solicitantes deben diseñar procedimientos para evitar o reducir el acceso de herbívoros y las fugas por los sistemas de drenaje o alcantarillado. Además, los solicitantes deben aportar datos que permitan evaluar las medidas de confinamiento en todas las circunstancias ambientales, incluidos los peores escenarios posibles. La EFSA sólo tendrá en cuenta los «riesgos» que comporte el cultivo de la planta transgénica. La Agencia Europea del Medicamento (EMEA) se encargará de evaluar la seguridad de las sustancias de origen vegetal. Según un artículo publicado por la revista Nature, las directrices «salen ganando en la comparación» con la normativa de la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA) y el Departamento de Agricultura (USDA) de Estados Unidos.