Investigadores del Centro de Respuesta de las Plantas al Estrés Ambiental de la Universidad del Estado de Iowa, encabezados por Bryony Bonning y Allen Miller, trabajan en el desarrollo de soja resistente a los áfidos. Los brotes de áfidos de la soja han provocado pérdidas en las cosechas por valor de más de 250 millones de dólares en Iowa y el control con insecticidas podría suponer un coste de 64 millones de dólares. Por lo tanto, los investigadores estudian formas de introducir genes en la soja que sean letales para los pulgones pero no para los mamíferos. Una estrategia es introducir una toxina intacta en la cavidad del organismo, que no sea disgregada por el sistema digestivo del insecto. Miller y Bonning han identificado recientemente una proteína de recubrimiento de un fitovirus que, una vez consumida por los áfidos, pasa por su organismo intacta. Han fusionado la toxina con la capa proteínica del virus de manera que cuando la proteína tóxica híbrida es consumida por el áfido, la toxina fatal entra en su organismo intacta. «El impacto económico (potencial) puede ser enorme», afirma Bonning. «Se utilizará menos insecticida y, en consecuencia, se utilizará menos combustible fósil para aplicar los insecticidas». Además hizo hincapié en la necesidad de ofrecer a los agricultores alternativas eficaces para el control de los pulgones de la soja.