Un equipo de investigadores de la Universidad de Texas, de la Universidad del Estado de Michigan y de la Universidad del Estado de Kansas (Reino Unido) ha descrito el tratamiento de datos de cultivos bioenergéticos agrícolas y datos de deforestación (de 2003 a 2008) por medio de un «modelo de regresión espacial» para demostrar que los cambios indirectos en el uso del suelo (CIUS) ocasionados por el incremento de la demanda de biocombustibles «son significativos y de considerable magnitud» en la Amazonia brasileña.
El término «cambios indirectos en el uso del suelo» indica que el incremento de la demanda de cultivos biocombustibles en una zona puede acarrear la conversión de tierras para plantar más cultivos biocombustibles en otra zona; o que la demanda puede acarrear conversiones de tierras que pueden desplazar otros cultivos (también en otra zona). Por ejemplo, el incremento de las plantaciones de maíz destinadas a la producción de etanol biocombustible en Estados Unidos puede provocar el desplazamiento de otros cultivos, como la soja. Esto puede hacer que los agricultores de otros países, como Brasil, realicen talas en la selva tropical para cultivar soja y compensar el «desplazamiento de la soja» de Estados Unidos. Por tanto, a veces las «conversiones de tierras» causan deforestación, y la destrucción de la cubierta forestal se traduce en una reducción de la capacidad de la Tierra para reducir el dióxido de carbono en la atmósfera.
Costaría años recuperar esta pérdida de capacidad mediante la reforestación, ya que los árboles tardan mucho tiempo en crecer y madurar. Este período de tiempo necesario para que la reforestación recupere la capacidad de absorber (reducir) el dióxido de carbono de la atmósfera recibe el nombre de «período de amortización de carbono». Los investigadores dicen haber «demostrado estadísticamente que la pérdida de superficie forestal es un efecto indirecto de la conversión de tierras de pastos en plantaciones de soja y otros cultivos biocombustibles en los países que bordean la Amazonia». Su modelo también indica que el 40 % de los países más forestados de la Amazonia brasileña podrían haberse salvado con una reducción del 10 % de las plantaciones de soja en las antiguas tierras de pastoreo.
Los resultados completos del estudio se han publicado en la revista Environmental Letters.