Desde que se dispararon los precios de los alimentos en 2007-2008, supuestamente a causa del desarrollo de los biocombustibles (estimulado por el alza de los precios de los combustibles fósiles), se ha suscitado un vivo y controvertido debate.
«El incremento simultáneo de la volatilidad de los precios en los mercados agrícolas y energéticos» plantea la cuestión del posible vínculo entre los precios de la energía fósil y de los productos agrarios. Investigadores de la Comisión Europea (DG Centro Común de Investigación) y de Bélgica (Universidad de Leuven (LICOS) e Instituto de Estudios Económicos y Econométricos) (EERI)) han realizado un estudio de interdependencias de los mercados energéticos, bioenergéticos y agrícolas, aplicando un enfoque teórico y un método empírico.
El enfoque teórico parte de los modelos existentes para elaborar «un modelo de integración vertical de los mercados de etanol, de subproductos y de maíz», con dos variaciones fundamentales: se incrementa el número de productos agrícolas (de uno a dos) y se aplica el modelo a la generalidad de los mercados mundiales (y no sólo a Estados Unidos). El método empírico se basa en el análisis de cointegración para «determinar si existe una relación prolongada en el tiempo entre los precios del crudo y los precios de los productos agrícolas» mediante la aplicación de un procedimiento estimativo de corrección de errores. Se destacan algunas conclusiones:
(1) los resultados empíricos apoyan la hipótesis teórica de que los precios del crudo y de los productos agrícolas son interdependientes
(2) un incremento de 1 USD por barril de crudo acarrea un incremento de 0,10 a 1,80 USD por tonelada de productos agrícolas, (3) se observa que el canal indirecto de transmisión de precio a través de los insumos es pequeño y estadísticamente insignificante, lo cual contradice las predicciones teóricas.
El estudio completo se ha publicado en la revista Resource and Energy Economics.