Un equipo de investigadores del Departamento de Ingeniería Medioambiental de la Universidad Demócrito de Tracia (Grecia) ha realizado un estudio sobre la aceptación pública de los biocombustibles en Grecia.
Uno de los objetivos del estudio era examinar «las relaciones entre la aceptación social de los biocombustibles y las variables socioeconómicas» (como la edad, la educación y la renta).
También se analizó un indicador de aceptación en términos de disposición a pagar. El estudio se ha localizado en Tracia (nordeste de Grecia), una zona que se considera adecuada para la producción de biocombustibles.
En las entrevistas personales se trataron temas como el cambio climático, la dependencia energética y los biocombustibles. Los resultados demuestran que más del 90,7 % de los encuestados creen que el cambio climático están relacionados con el consumo de combustibles fósiles, pero sólo la mitad (el 49,9 %) cree que los biocombustibles pueden ser una solución eficaz para este problema.
Una posible explicación de estos resultados es que «las personas con menor nivel académico están más próximas al sector agrario que se presenta como beneficiario de los biocombustibles, pero también podría reflejar desconocimiento de sus desventajas».
El estudio presenta además otras conclusiones:
(1) algo más de la mitad del 80 % de los encuestados que poseen automóviles están dispuestos a utilizar biocombustibles y pagar 0,06 euros más sobre el precio de mercado,
(2) las personas con mayor nivel académico muestran mayor disposición a pagar ese importe adicional,
(3) los encuestados no parecen dispuestos a pagar más si es el gobierno o la industria quien gestiona la introducción,
(4) «sólo el 23,8 % de los participantes conocen la diferencia entre bioetanol y biodiésel». En general, el estudio demuestra que «falta información sobre los biocombustibles en la esfera pública» y que las campañas informativas sobre su introducción en Grecia «podrían destacar los efectos positivos que tendrían los biocombustibles para la comunidad agraria y para las organizaciones de investigación y universidades».
El estudio se ha publicado en la revista Energy Policy.